Centro INAH Morelos

HISTORIA DEL CENTRO INAH MORELOS

Finalizaba el año de 1895 cuando el emperador Maximiliano, decidido a construir una villa de descanso, consiguió adquirir un rancho sembrado de árboles frutales, desde el que se podía contemplar una antigua capilla colonial.

En la capital los problemas se acrecentaban y pasar unos días aquí o en el Jardín Borda ayudaba mucho a la mermada salud del emperador así como al animo de Carlota, quien recientemente había perdido a su padre, el rey Leopoldo I de Bélgica.

En octubre de 1866, Antonio el austriaco, recibió órdenes de cerrar la casa y tiempo después donar la finca al ayuntamiento local, con la condición de que fuera destinada a la utilidad pública. Si, como repite la tradición oral, el Olindo fue incendiado por tropas juaristas, aquí ya no quedaba mucho que el fuego consumiera.

A excepción de la capilla de San miguel Arcángel, que se mantuvo abierta al culto, la casa grande y sus anexos permanecieron abandonados, de modo que el patio fue invadido por la maleza. No obstante, hasta el lugar seguían llegando discretos simpatizantes de Maximiliano, entre ellos algunos fotógrafos extranjeros.

En 1962, por decreto presidencial, inmuebles y jardines de la finca quedaron bajo la custodia del Instituto Nacional de Antropología e Historia. El jardín y museo fueron inaugurados oficialmente en enero de 1980 y actualmente alberga la colección nacional de plantas medicinales.

Recorrido
El conjunto de edificios que integraba la Villa Olindo se construyeron, en diferentes momentos, sobre una pendiente natural que sitúa a la capilla dedicada a San Miguel Arcángel en el punto más alto y al pabellón de los emperadores en el punto más bajo.

La capilla de San Miguel Acapantzingo Arcángel. Es el edificio más antiguo del lugar. Las primeras construcciones se remontan hasta la evangelización franciscana de Acapantzingo.

La casa grande. En las haciendas se denominaba así a los espacios destinados para la habitación de los señores. A pesar de las modificaciones que se le han practicado, es posible reconocer aún las características que la vinculaban con la tradición local: una serie de amplias habitaciones, a las que se accede a través de un pasaje porticado, resguardan un patio central arbolado.

Nunca se pensó que Maximiliano y Carlota la ocuparan definitivamente, y si lo hicieron fue sólo provisionalmente en tanto concluían sus aposentos.

La jardinería paisajista. Durante el siglo XVII el diseño de los jardines en Inglaterra se liberó de la regularidad que le imponían líneas de setos perfectamente podados.

El pabellón de los emperadores. Maximiliano y Carlota acostumbraban escapar temporalmente al rígido protocolo de la corte y disfrutar en villas aparentemente rústicas, en las que desarrollaban formas de vida más íntimas y familiares. Esa fue la intención que originó este pabellón, hoy recinto del Museo de Medicina Tradicional.

Galería de las pilastras. Se trata de otro de los edificios que fueron incorporados a la estructura original de la casa grande durante la segunda mitad del siglo XIX. Recibe este nombre por los pilares, cuatro por lado, que refuerzan los muros exteriores. Muy digna de admirarse es su fachada sur, que en sus proporciones y finas cornisas revela la intervención de un conocedor de la arquitectura clásica. A partir de este punto puede regresar a la glorieta introductoria para visitar el Jardín Etnobotánico.

Texto: Arqlgo. Hugo Antonio Arciniega Ávila


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *